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martes, 27 de abril de 2010

La utopía de la Orden de San Agustín en Salvatierra, Gto.


Tayra Belinda González Orea Rodríguez

CAPÍTULO I.
LA HACIENDA DE SAN NICOLÁS DE LOS AGUSTINOS.
I. LOCALIZACIÓN DE LA HACIENDA DE SAN NICOLÁS DE LOS AGUSTINOS.

I.1 Estructura Agraria del Bajío.
La hacienda de San Nicolás de los Agustinos, propiedad de Luis Bermejillo, se ubicó en el valle de Huatzindeo, en Salvatierra, en el estado de Guanajuato. Salvatierra está
asentada al sureste del estado y forma parte de la región del Bajío. Geográficamente, el Bajío se caracteriza por ser un área formada por una serie de valles que están conectados por el río Lerma1 sus límites rebasan la superficie del estado de Guanajuato, pues se extiende desde Querétaro hasta las orillas del lago de Chapala y desde Morelia hasta León, Guanajuato 2.
Las tierras de la región se destacan por ser fértiles y bien irrigadas, pues, además de

presentarse lluvias abundantes, existen una serie de ríos que bajan de las montañas del norte, riegan las tierras del sur y vienen a desembocar al gran río Lerma. Estas condiciones han propiciado la producción de cereales (sobre todo maíz y trigo), lo que le valió a la región el convertirse en el granero de México durante más de tres siglos.
A la llegada de los españoles se inició una nueva estructura socioeconómica distinta a la de las tribus. En el norte de la región se encontraban tribus dispersas de indios nómadas chichimecas, y asentamientos de indios tarascos, cuachichiles, guamares y otomíes en la parte suroeste. Para los conquistadores, fue mucho más fácil evangelizar a los indios que se localizaban en el occidente que a los nómadas del norte 3. Al ver la riqueza de la tierra y con el objeto de fomentar el desarrollo agrícola, los españoles llevaron a indios tarascos y otomíes al norte a fin de que estos combatieran a los indios chichimecas, (que atacaban los campamentos españoles) y de que se convirtieran en fuerza de trabajo.4
Durante el siglo XVI inicia el poblamiento de la región, a través de la concesión de tierras a algunos que sirvieron militarmente a la Corona. En un principio la estancia se concedió para fomentar la ganadería 5. Según Pérez Luque, en la parte norte de Guanajuato, la estancia jugó un papel muy importante en el proceso de pacificación y colonización.
Puesto que no era una tarea fácil evangelizar a los indios chichimecas, no se pudo aplicar la encomienda o el repartimiento como en otras regiones. Señala que hubo una evolución de la estancia hasta convertirse en población urbana (congregación, pueblo, villa o ciudad). En un primer momento, la ganadería poco a poco se fue asociando a los cultivos agrícolas y con la incorporación de nuevas tierras, la introducción de tecnología y la utilización de mano de obra acasillada, la estancia dio paso a la formación de la hacienda. Las estadísticas muestran que 23 de las 46 cabeceras municipales que hoy forman al estado, se originaron a partir de la estancia, destacando entre ellas Salvatierra 6.
En el siglo XVII la producción agrícola de Guanajuato, sobre todo del Bajío, creció para abastecer a las minas de Zacatecas, lo que permitió que empresas agrícolas y mineras de los españoles y criollos empezaran a desarrollarse para poder cubrir la demanda que se estaba generando.
7
Durante el siglo XVIII se distingue a la región por un alto grado de urbanización y por una estructura económica agrícola bien definida. Durante este siglo se enfatiza el cultivo de cereales en las haciendas y ranchos. Este desarrollo agrícola se debió a dos factores fundamentales: el incremento de la población y el auge de la producción minera.
La minería fue el sector de arrastre en la economía colonial que permitió la formación de un mercado capaz de absorber la producción agrícola de las haciendas y los ranchos.
Además, de que el incremento de la población blanca fue un factor importante para que este mercado creciera, no sólo en los límites de la región, sino también hacia el norte del país 8.
Desde el siglo XVIII se confirma la idea de la presencia de ranchos en el Bajío.
Primeramente se puede atribuir el inicio del rancho a las tierras otorgadas por la Corona a soldados españoles de poca jerarquía. Dale Lloyd señala que el origen de los ranchos, como unidades productivas, se ubica en las peonías y caballerías. La peonía consistía en una superficie de 40 a 80 hectáreas que era concedida a aquellos soldados de a pie que habían participado en la conquista; por su parte, las caballerías comprendían de 200 a 400 hectáreas y eran concedidas a los que habían combatido a caballo 9. Una de las características más importante de estas concesiones de tierras, en el centro y occidente de México, era que no tenían derecho a disponer del tributo o del trabajo de las comunidades indígenas cercanas. Por lo que éstas eran trabajadas por sus dueños o por fuerza de trabajo contratada para las labores del campo. 10
Durante la colonia los cultivos de los ranchos eran de productos españoles, trigo, cebada, entre otros, pero para principios del siglo XIX ya se habían incorporado productos de origen indígena, tales como el chile y el maíz. Existía una diversificación de la producción de los ranchos, pues la tierra se dividía para cultivos de autoconsumo, de mercado y pastoreo de ganado vacuno y lanar.11
En el Bajío guanajuatense muchas haciendas fueron divididas debido a que en algunas ocasiones el pago de diezmos o las deudas con la Iglesia, la Corona o los acreedores comerciales absorbían el capital de los dueños de las mismas, por lo que preferían repartirlas o arrendarlas. Para muchos hacendados era más rentable otorgar las tierras en arrendamiento, pues se obtenía un ingreso seguro y se dejaban todos los riesgos de la producción sobre el arrendatario12.
Cuando el hacendado dividía su propiedad, generalmente los arrendatarios y subarrendatarios aspiraban a ser dueños de los ranchos que tenían en arriendo a fin de mejorar su condición social. Así podemos observar como la estructura agraria estaba formada por hacendados, rancheros, aparceros y arrendatarios (que trabajaban las tierras de otros) y un escaso número de asentamientos indígenas. A esto es a lo que se le ha llamado una sociedad ranchera13, a pesar de la presencia de la hacienda predominaba el número de ranchos.
Para 1792, en la intendencia de Guanajuato, se registraron 50 pueblos, 421 haciendas y 889 ranchos. En Salvatierra se distinguen 6 haciendas (San Nicolás de los Agustinos, Esperanza, Ojo de Agua, Tarimoro, Panales y San Juan Cacalote), 3 ranchos (San Ysidro, el Sabino y Ojo Sarco) y 5 pueblos (Pejo, Maravatío, Emenguaro, Santo Tomás y Uririeo)14. Estas cifras nos permiten observar la importancia de la pequeña propiedad durante la colonia.
En la primera mitad del siglo XIX continuó la tendencia de dividir las grandes propiedades. Esto facilitó que se incrementara el número de ranchos. Por la inestabilidad política y por los fenómenos naturales, los grandes propietarios ya no tenían recursos para mantener sus bienes, por lo que decidieron fraccionar. La hacienda de Santa Ana Pacueco, una de las más grandes del Bajío, es un ejemplo de este proceso, pues fue dividida aproximadamente en 185015.
Las leyes de desamortización también permitieron que en Guanajuato se fortalecieran las pequeñas unidades productivas. Con la venta de las haciendas que pertenecían al clero, algunos arrendatarios de dichas tierras pudieron comprarlas y así
convertirse en pequeños propietarios16.
Durante el porfiriato se consolidó la sociedad ranchera en el Bajío. Esto debido a que, con las condiciones de paz y orden que imperaron durante los primeros años del régimen, se presentó un auge agrícola en la región, lo que produjo un incremento en la producción de cereales y por tanto un mayor número de ranchos y haciendas. El distrito de Salvatierra, destacó como uno de los más productivos del Bajío.17
Los rancheros del Bajío se distinguieron por ser un grupo social muy amplio, estratificado y de gran movilidad. Mónica Blanco señala 5 etapas dentro del grupo ranchero: 1)los arrimados18, 2)peón al que se cede tierra como aumento de jornal, 3)medieros, 4)arrendatarios y 5)pequeños propietarios. Estas personas formaban una especie de pirámide en la que el campesino que trabajaba una pequeña porción de tierra, como complemento de su salario, era la base para ascender y aspirar a la pequeña propiedad. 19
La sociedad ranchera del Bajío se caracterizó por tener una población móvil, es decir, sujetos que realizaban diferentes actividades económicas a lo largo del año. Durante el verano muchos trabajadores iban a la ciudad a trabajar a las fábricas y en otoño regresaban al campo a laborar en las cosechas o subarrendaban las tierras a los arrendatarios. Esta situación también se refiere al movimiento tanto ascendente como descendente dentro de las etapas que lo formaban como grupo social. 20
El grupo de los rancheros estuvo generalmente formado por españoles, sobre todo en los actuales estados de Michoacán y Jalisco, mestizos y por trabajadores indígenas que lograron integrarse a esta nueva sociedad. Es importante destacar la heterogeneidad de las condiciones económicas de los rancheros. Éstos podían ser hombres emprendedores, con fuerza de trabajo a su mando y con la capacidad de incrementar su capital, o bien, campesinos que vivían en verdaderas condiciones de subsistencia.
Podemos afirmar que lo que define al grupo de los rancheros del Bajío, además de los aspectos económicos y sociales, son dos cuestiones culturales muy importantes. En primer lugar resalta la individualidad de este personaje, debido a que el sistema de aparcería y arrendamiento dejaba amplios márgenes de decisión y libertad, y a la aspiración de acceder a la pequeña propiedad, la cual tiene que ver con la idea de que la tierra era símbolo de riqueza y de prestigio21.
Estas características culturales, diferenciaban a los rancheros del Bajío con los del noroeste de Chihuahua. Debido a que los rancheros del norte tenían su origen en las colonias que habían formado los españoles para abastecer a los centros mineros, así como para protegerse de los ataques de los indios y los apaches. Por esto, estaban integrados a una estructura comunitaria de tipo corporativo que los definía como grupo social. De ahí, que fueran llamados rancheros pueblerinos.22
Las estadísticas señalan que en 1854 existían en la República mexicana 15 085 pequeñas propiedades, para 1910 esta cifra se incrementó a 47 939 pequeñas propiedades aproximadamente. David Brading señala que en 1910 cerca de un tercio de todos los ranchos estaban localizados en los estados colindantes de Guanajuato, Jalisco y Michoacán.23 De éstos, 3 999 ranchos se encontraban en el estado de Guanajuato.24


II. ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA HACIENDA DE SAN NICOLÁS DE LOS AGUSTINOS.


Como se ha mencionado, la hacienda de San Nicolás de los Agustinos, se ubicaba en el Valle de Huatzindeo, en Salvatierra, Guanajuato. Se le puede describir como una región de terrenos fértiles y húmedos, gracias a la presencia de las precipitaciones pluviales y al recorrido que hacen las aguas del río Lerma.
A la llegada de los españoles existían tres tribus que merodeaban la región: la tarasca, la otomí y la chichimeca. La tribu tarasca intentó establecerse en Yuririahpúndaro, sin embargo, frecuentemente eran atacados por los indios chichimecas quienes se caracterizaban por ser nómadas, destructivos y belicosos. Por su parte, los indios otomíes, que ya presentaban establecimientos en lo que hoy son los estados de Hidalgo, Querétaro y Guanajuato, vagaban constantemente en el valle de Huatzindeo, pero eran perseguidos y asesinados por los mismos indios chichimecas.25
Durante la conquista española, los padres agustinos tenían la misión de predicar el Evangelio26. Con ese fin se establecieron en lo que actualmente son los estados de México, Puebla, Michoacán, Guanajuato, Guerrero, Zacatecas, Hidalgo, entre otros. Para poder llevar a cabo dicha tarea, los agustinos primero tenían que reunir a los indios en comunidades o villas a fin de facilitar la labor cristiana. Los religiosos enseñaron a los indios tareas domésticas a fin de que éstos se asentaran en un solo lugar. De las tres tribus que rondaban en el valle, los indios tarascos y otomíes fueron los más dóciles y fáciles de evangelizar.
Una vez que los misioneros formaban un pueblo de indios, edificaban un convento para controlar mejor la evangelización. Este generalmente era construido en la parte más alta de la zona y muchas veces tenía la forma de castillo medieval, debido a que los religiosos se tenían que proteger de los constantes ataques de los indios chichimecas. Así los agustinos construyeron el convento de San Pablo en Yuririahpúndaro.
El origen de la hacienda de San Nicolás de los Agustinos se remontan al primer año de construcción del convento de Yuririahpúndiro, que al parecer fue el de 1550. Refieren las crónicas que el convento algún tiempo exploto su riqueza, y que era tanta que el convento donó la hacienda al común de la Provincia (Michoacán) para su sustento. De tal manera que sirvió como medio de subsistencia para Yuriria, Cuitzeo, Chucándiro, Copándaro, Valladolid, Tiripetío, Pátzcuaro, Ucareo y puntos intermedios; lo que puede dar idea de la riqueza del suelo y de la pericia de los frailes agustinianos, quienes tenían en su orden a verdaderos agricultores.27
La hacienda de San Nicolás poco a poco fue incrementando sus tierras gracias a las donaciones, que tanto indios como españoles concedían a la Iglesia, así como a las capellanías28 y a los censos.29 Para el primer cuarto del siglo XVII, la composición de
tierras de la hacienda era de 86 caballerías, 10 sitios de ganado menor30 y 11 ejidos de
molino.
A finales del siglo XVII, la economía de la hacienda se basaba fundamentalmente en la producción del trigo de riego. Se alcanzaba una producción de 10 000 fanegas aproximadamente. Además, la hacienda poseía, 400 bueyes, 150 mulas de recua, y 120 indios que desarrollaban labores de peones acasillados31. Entre las riquezas de la hacienda de San Nicolás de los Agustinos encontramos un olivar enorme, con el que los religiosos producían aceite puro de oliva; también tenían un viñedo en donde elaboraban vino blanco y tinto.
La gran mayoría de las tierras de la hacienda eran destinadas a la agricultura o la ganadería, sin embargo, también existían algunas tierras que los agustinos habían concedido en arrendamiento.32
Se sabe que durante la colonia y hasta el México independiente, la hacienda de San Nicolás de los Agustinos tenía serios problemas con los habitantes del pueblo de San Felipe Tirístaran, descendientes de los indios chichimecas. Como se menciono anteriormente, los indios chichimecas no mostraron la misma disposición que las otras tribus para su evangelización. Además, dicha tribu no se incorporó a la fuerza de trabajo que tanto solicitaban los españoles, para poder llevar a cabo sus empresas, por lo que las relaciones entre los chichimecas y los españoles fueron ásperas.
García y Alvarez narra que en la Hacienda de los Agustinos los descendientes de los chichimecas llegaron a pedir trabajo, pero que su relación no fue como la de los otros indios. Los chichimecas construyeron sus casas aparte, trabajaban cuando querían y continuaron con sus antiguas creencias religiosas. Ante tal acontecimiento, los agustinos consideraron impropia la actitud de estos indios, por lo que empezó un eterno pleito para echarlos de donde se habían asentado33.
En el siglo XIX, después de haber obtenido México su independencia, los padres agustinos decidieron vender la hacienda de San Nicolás, así como sus otras propiedades. La testamentaría de Gregorio Lámbarri fue la compradora de la hacienda y éste decidió poner en venta varias extensiones de la misma, de donde se formaron las siguientes haciendas: la de Santo Tomás, la de Maravatío, la de Santa Teresa y la de las Cruces. Lo que quedó de San Nicolás fue trabajado por Lámbarri, hasta que decidió venderla a la Sociedad Bermejillo y Compañía.
La venta de San Nicolás de los Agustinos se hizo a principios de 1902, pero fue hasta el 14 de abril de 1904 que quedó concluido dicho proceso, debido a que Lámbarri tenía que arreglar ciertos problemas legales para poder vender la propiedad. En 1906, la casa comercial Bermejillo le vendió la hacienda de San Nicolás de los Agustinos con todos los ranchos que le pertenecían, a Luis Bermejillo y Martínez -Negrete en la cantidad de 843 940 pesos, 70 centavos.34
San Nicolás lindaba al norte con la hacienda de la Bolsa y con el río Lerma, al sur con la propiedad denominada “Pastores” y con la laguna de Yuriria, al oriente con la hacienda de Santo Tomás y la de Maravatío y al poniente con las propiedades denominadas“Grande” y “Cahuageo”.
En 1916 la composición de tierras de la hacienda era de 14 252 hectáreas, las cualespresentaban la siguiente distribución:
∗ 1 134 hectáreas de riego
∗ 820 de medio riego
∗ 458 de temporal de 1º
∗ 4 900 de temporal de 2º
∗ 968 de monte
∗ 2 635 de cerril
Aunado a esto encontramos que existían 2 937 hectáreas que correspondían al terreno ocupado por la laguna de Yuriria, considerados como terrenos improductivos, y 400 hectáreas que estaban ocupadas por depósitos de agua35. Estas cifras dejan ver la riqueza de la hacienda de San Nicolás de los Agustinos durante la época revolucionaria.


Notas de referencia

1 Pinet Plascencia Alejandro, Bandolerismo y revolución en el sur del Bajío. Los hermanos Pantoja y Benito
Canales (tesis para obtener el título de Licenciado en Antropología Social), México, ENAH, 1986, p. 70.
2 Blanco Mónica, El movimiento revolucionario en Guanajuato, 1910-1913. Ediciones La Rana, México,
1998, pp. 44-45.
3 Blanco Mónica, Parra Alma y Ruiz Medrano Ethelia, Breve Historia de Guanajuato, FCE, COLMEX,
México, 2000, pp. 33-41
4 Brading David, Haciendas y ranchos del Bajío. León 1700-1860. Editorial Grijalbo. México, 1988, pp. 50-
56.
5 Chevalier Francois, La formación de los latifundios en México. FCE, México, 1976, pp. 175-176.
6 Pérez Luque Rosa Alicia, “Importancia de la estancia en el proceso colonizador del Estado de Guanajuato”,
en Origen y evolución de la hacienda en México: Siglos XVI al XX. Memorias del simposio realizado del 27
al 30 de septiembre de 1989. El Colegio Mexiquense A.C., Universidad Iberoamericana, Instituto Nacional
de Antropología e Historia, México, 1990, pp. 60-63.
7 Blanco, et al, 2000, p. 58.
8 Blanco, 1998, pp. 25-27.
9 Dale Lloyd Jean, “Desarrollo histórico del ranchero”, en Historia de la Cuestión Agraria Mexicana.
Campesinos, terratenientes y revolucionarios 1910-1920. Tomo 3. Siglo XXI, CEHAM, México, 1988, p. 61.
Florescano Enrique y Gil Sánchez, “Formación y estructura económica de la Hacienda en Nueva España”, en
Historia de América Latina, Crítica, Barcelona, 1991, Vol. 3, p. 96.
10 Dale Lloyd ,1988, pp. 60-77.
11 Ibid, p. 62.
12 Brading, 1988, pp. 57-71. Blanco, 1998, pp 38-39.
13 González Luis, Pueblo en Vilo, FCE, México, 1999, pp. 26-27. Blanco, 1998, pp. 37-50
14 Blanco, et al, 2000, p. 81 y mapa 8.
15 Ibid, p. 125.
16 Ibid, p. 128.
17 Ibid, p. 139.
18 Personas a las que se les permitía vivir dentro de una hacienda y que eran empleados para trabajos
eventuales. Blanco, 1998, p.37.
19 Blanco, 1998, pp. 37-38.
20 Brading, 1988, p. 88.
21 Blanco, 1998, pp. 41-42.
22 Dale Lloyd, 1988, pp. 67-68.
23 Brading, 1988, p. 257.
24 Dale Lloyd, 1988, pp. 67-68.
25 García y Alvarez Alfonso, El encanto y riqueza de la Hacienda de San Nicolás Tolentino. Salvatierra,
Guanajuato. México, Ediciones Copilco, 1987, cap. I
26 La orden religiosa de los agustinos se caracterizó por su labor urbanística y de organización, pues se
distinguieron por la creación de pueblos de indios, quienes normalmente vivían desperdigados. Chevalier los
considera como “(...)amantes de los templos suntuosos y de los ricos retablos(...)”, ya que las haciendas
rurales eran el medio indispensable para sostener sus templos y misiones. Cubiles Fernández Silvia, La
Hacienda de San Nicolás de Salvatierra, México. Memoria de Licenciatura propuesta, bajo la dirección del
Dr. Antonio Bonet Correa, Catedrático de Arte Hispanoamericano, de la Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad de Sevilla, España, mayo de 1971. p. 17, en UIA, Acervos Históricos. Chevalier, 1976, p. 292.
27 Ibid, p. 12.
28 Era cuando alguien concedía una propiedad a la Iglesia, a perpetuidad, para que ésta celebrara misas a
favor del donante, también en perpetuidad.
29 Estas consistían en que un propietario concedía una renta perpetua sobre el valor de la tierra. Ibid, p. 9.
30 1 sitio de ganado menor era igual a 780.27 hectáreas.
31 Cubiles 1971. pp. 43-44.
32 García y Alvarez, 1987, cap. V.
33 Ibid, cap. VIII